Efectivamente, duele a veces este IDIOMA nuestro tan aporreado, tan mal manejado, tan cambiado para acomodarse a situaciones y tan adolorido también por cómo se pronuncia y se habla.

Recientemente escuché una palabra que fue la que me hizo escribir este articulo y que conste que yo también a veces abuso del lenguaje, pero no tan descaradamente.

Resulta que viendo en internet una presentación de una humorista nuestra le escuché decir que ella, cuando quiere “descualquierarse”, lo hace a gusto y sin límites. Simpática la palabra y bien acomodada para cuando uno quiere desmadrase, jamás a esta tierna edad la había escuchado y me reí mucho y debo confesar que me gustó, pero de inmediato dije, ay pobre idioma el nuestro.

Y es que cualquiera no se “descualquiera”, se necesita ser muy cualquiera para poder “descualquierarse” y estoy segura que la volveré a usar cuando se me acomode, pero también creo que cuando la diga, el idioma gritará ayyy

Igual es con “ninguniarse”, no ningunearse, tiene que ser uno muy don nadie para que se la apliquen y así y todo, el lenguaje dirá que tenía otras opciones parecidas que, también se acomodaban, si lo que queríamos era “ninguniar” a alguien que no valía la pena, o insultar a alguno porque su valía estaba en entredicho, o porque no le tuvieron en cuenta sus opiniones.

Y que tal los que quieren “desescuchar” las redes. Pues son éstas las que definitivamente dan más mal ejemplo en el manejo del lenguaje o al traducirlo, o es que de verdad no saben hablar bien y correctamente. Y son chistosas, porque “desescuchar” (me dio hasta dificultad escribirla), mejor hubiera dicho que no quería seguir oyendo o viendo los videos que estaban enviando sobre la película de la Barbie, porque le parecían inapropiadas.

Y parodiando lo que vi en ese video, yo quise “desleer”, lo que había visto, porque su lenguaje era doloroso, inadecuado, y por supuesto como buen influenciador, tenía miles de personas que lo siguen y que vaina, muchos seguramente aprenderán a decir “desescuchar”. Pobre idioma el nuestro, ojalá y pudiera “desescuchar” lo malo que se habla.

Por fortuna, dicen en la red, ya hay una aplicación, que mejora los escritos y mejora el buen hablar, eso sí, con inteligencia artificial. ¿Se imaginan?, quisiera ver cómo es la traducción.

Pero para seguir en esta tónica, ¿qué tal la cosificación del lenguaje? Ese sí que la utilizamos bastante cuando no nos acordamos de la palabra que necesitamos o también para descalificar a alguien.

“Pásame esa cosa que hay allá encima de la mesa”, dice alguien y vaya a uno saber qué es esa cosa, se necesita ser brujo para adivinarla y es tanta la ofuscación que causa no desatar la palabra propia, que más bien, va uno a coger esa cosa que estaba encima de la mesa.

Y así es también para referirse a mil objetos, personas o figuras que uno debe enumerar, porque al fina termina diciendo “y así miles de cosas”. Y si de hablar mal de una persona se trata, vaya… vaya… que la cosificación es perfecta. “Ese es una cosa que no vale ni la pena mencionar”, decimos.

y ni hablar de los nombres propios. Todavía me pregunto para qué me pusieron este nombre tan largo que nadie me lo dice completo, soy Vicky, la toya, maría, maría, victoria, maitoria y titamaitoria.

¿Y que tal el apocope que manejamos de los nombres? Recientemente leía en la invitación a un funeral la larga lista de personas que decían: lulú, cata, chichí, lucre, tata… y así unos cuatro más y me sigo preguntando: ¿para qué les pusimos un solo nombre, si de todas formas se los vamos a reducir?

Y ahora, no solo cosificamos, sino que les damos nombres extraños como la frase que me dijo sobrina: “tía, ese muérgano de cajero estaba malo”

No soy lingüista, ni purista del lenguaje, y estoy segura que seguiré diciendo barbaridades, solo pasaba por aquí para hacerles sonreír un ratico con las bobadas que a veces hablamos, las que decimos para señalar o para referirnos a alguien y para que juntos dijéramos podre  idioma nuestro, aunque viéndolo bien, no es el idioma , somo nosotros los pobres de buen vocabulario

Estoy segura que todos ustedes tendrán miles de palabrejas que les gustaría compartir y aquí se las recibo para luego armar otro escrito bien simpático.

Pero así no sea purista del lenguaje, si los invito a que tratemos de hablar bien, de llamar las cosas por su nombre y a los nombres decirlos completos.

Definitivamente hay que leer más para aprender más, para tener más sinónimos, nuevas palabras, nuevos conceptos, para saber argumentar y para hablar mejor

Nuestro idioma español es hermoso, está lleno de sinónimos y antónimos, de significados hermosos y no tanto que podríamos utilizar mejor. ¿Qué tal si ensayamos?