No sé cómo les habrá ido a ustedes con los yernos y que tan amplia o no, sea su relación con ellos y como abuelos qué tal la vayan.

Yo tengo que decirles que el único yerno que tengo hasta hoy, es caso aparte y merece que hable de él.

En general, los yernos son personas amorosas, tranquilos, que se dejan guiar por nuestras hijas y los de ahora, en su mayoría, son funcionales, es decir, apoyan en los quehaceres o, mejor dicho, hacen lo que tienen que hacer sin necesidad de estarles recordando, porque entienden que el hogar es de los dos y los hijos son de ambos y, por lo tanto, las obligaciones y deberes son de ambos.

Por lo general, son serenos, serios y modelan con el ejemplo, no hacen diferenciación entre niños y niñas y enseñan por igual lo que como padre sabe qué debe hacer.

Conozco unos yernos que también son lo contrario, pero son más escasos y existen otros que, hacen de todo, pero a solicitud de su pareja.

Los yernos, son quienes han hecho de las suegras, todo un cuento. Gracias a ellos, nos gozan, somos motivos de burla, de memes y caricaturas, chistes y hasta de tema obligado en todas las conversaciones y, no siempre, para bien.

Algunas, probablemente, lo que acabo de decir, se lo ganaron a pulso, pues son suegras suegras, de esas que como dicen ellos «merecen estar como las yucas, enterradas». Porque son un tormento. Son metidas, opinadoras, consejeras permanentes, mandonas, reclamadoras, fisgonas y no dejan en paz al yerno con sus comentarios destemplados y a destiempo.

Son las que siempre he dicho que dañan los matrimonios porque sus opiniones van cansando de tal forma al yerno, que este termina por armarle pelea a su esposa y al final los desencuentros son tantos, que es mejor estar separados porque no hay acuerdos de cómo tratar a la suegra.

Las visitas de las suegras son temidas por los yernos, son el espacio de tiempo en donde ellos quisieran desaparecer o sacar vacaciones porque ya saben lo que les espera, cuando la suegra es una ‘metiche’.

Visitar la hija y por tiempo largo, es un tormento tal que hasta los nietos sufren con esa llegada y no ven la hora de que se vaya, todos en la familia hacen esfuerzos por pasar los días en paz y cuando termina la visita, hay descanso total. ¡Qué pesar!, pero es una realidad en muchos hogares, cuando la suegra es tan opinadora y pretende que todo el mundo siga sus normas, aun sin en estar en su casa.

Pero visitarla a ella también es todo un drama. La única que quiere ir es la hija, porque los demás, en especial el yerno, daría lo que fuera por no ir a verla, pero le toca, porque de lo contrario se le puede acabar el matrimonio, que al final de cuentas, muchas veces, termina en separación y, justamente, por culpa de la suegra.

Las suegras somos el demonio para los yernos, pero… no todas por fortuna.

Tener un buen yerno es una bendición y es aquí donde entra el mío.

Se llama Jorge Duva Moreno, ciudadano americano, pero también colombiano, diseñador, profesional de la UPB de Medellín y es un gran fotógrafo de estrellas de cine, de televisión, de modelos famosas y sus fotos son el cover o portadas de muchas revistas tanto impresas como virtuales. Me siento orgullosa de él.

Mi hija se casó hace 12 años, con Jorge Duva y ahora tienen dos hijos, Mariadelmar y Sebastián y la verdad, me gané la lotería con él, aunque él también, conmigo.

Siempre he pensado que mi yerno es muy especial, pues acosa más que mi hija para que vamos a visitarlos. Es de los que me dice, por qué vienen tan poquitos días, por qué no se quedas más, mira que vamos a salir o que hay tal evento y qué bueno que estuvieran.

Con esta pandemia, hemos tenido un año sin verlos, ni ellos vienen ni nosotros hemos podido ir y más que el estar encerrados, nos ha sorprendido el cariño y el amor de nuestro yerno, quien no pierde oportunidad para decirnos, vamos, así sea en vuelo humanitario.

Tanto ha sido lo que nos ha extrañado que tuve que preguntarle por qué quería que fuéramos y me dijo: “porque los extrañamos, porque queremos que vengan a visitarnos un largo tiempo, porque si se están cuidando allá, aquí también los cuidamos y porque los amamos mucho”.

Y es verdad, las veces que vamos a estar con ellos, tratamos que esa visita sea la mejor, si bien viven en una ciudad americana llena de sol y de sitios para ver y visitar, nosotros, buscamos es estar con ellos, disfrutar con ellos, salir con ellos y hacer planes donde quepamos todos.

Y no porque yo lo contemple o le cocine, aunque sí lo hago, pero no a diario. Me gusta sorprenderlo algunas veces, pero no soy suegra zalamera, sino atinada. Es decir, trato de hacer lo que le gusta.

Él, mi yerno, no pierde oportunidad cuando ve un chiste sobre suegras y me los envía, se burla de mí y me dice siempre, que él disfruta de esos chistes, pero que no piensa así de mí o de mi esposo, es solo por divertirse. Yo, igualmente, cuando veo chistes de suegras se los envío para gozarnos los dos.

Mantener una buena relación con el yerno es fundamental si quieres ver a tu hija feliz.

Lo primero que hay que hacer es no opinar sobre todo y sin que nos pregunten y así nos pidan opinión, hay que medir bien las respuestas de tal forma, que sean ellos quienes terminen respondiendo, aunque un poco direccionado.

No hay que meterse en sus discusiones cotidianas. Si estamos de visita y ellos tienen algún desacuerdo, NO TE METAS, es su cuento, ellos lo resolverán.

Orienta a tu hija, pero no la obligues a que le diga al yerno las cosas que tú quieres decirle. No la metas en el medio, porque le vas a dañar su vida. Respétales sus espacios y su modo de vida.

No hagas nada con sus hijos (nuestros nietos), que ellos no hayan autorizado. Hay suegras que, sin consultar, llevan los niños a la peluquería y le cortan el pelo a su gusto y no al de ellos y ahí tu pobre hija, es la que ‘lleva del bulto’ y todo por tu culpa.

No les escojas colegios, ni decidas sobre cual religión deben seguir tus nietos, ni qué deben o no comer, etc. Los hijos son de ellos, no tu tuyos.

Por eso me atrevo a decirte a ti que eres suegra y que me estás leyendo, por favor ¡NO SEAS TAN SUEGRA!