¿Y díganme si no?
Se están matando por una camiseta, se están matando por un político, se están matando porque les chocaron el carro, se están matando por un pinche celular y así por más cosas sin importancia, que son declaradas muertes inútiles.
Y digo inútiles porque matarse por camiseta verde o roja, ni valió la pena, porque las medidas que toman las autoridades son un canto a la bandera que duran dos partidos y todo vuelve a la normalidad y al cabo de un mes, nadie, ni siquiera los mismos amigos de la barra lo recuerdan. Solo su mamá se queda con el dolor.
Matarse por un político, eso sí que da risa, ya ni dolor porque el político ni lo conocía, no sabía quién era y si era politiquero peor, porque si algo le había prometido, puede estar seguro de que no se lo iba a cumplir y al final, a la única que le dolió y la única que lo recordará, será la mamá.
Hacerse matar por robar un celular, es todavía más triste, porque no alcanzó a robárselo y murió por eso y ni siquiera salió en la prensa su nombre, solo la mamá era la que sabía y será la única que lo va a recordar. Y qué decir de matar por un choque leve, por un carro que se arregla rápido porque son latas, pero no, la rabia enceguece porque “se atravesó” y tiene la culpa. Las latas por más que valgan, son latas, en cambio la vida, es eso: la vida.
Y así seguimos viendo a diario las muertes inútiles que solo dañan, enferman, duelen y entristecen a las mamás.
Y viene el día de la madre y ese, justamente ese día, es el que, según las estadísticas, más muertes hay. ¡Vaya celebración! Pobres mamás, solo dolor le quedará para toda la vida del famoso día de la madre.
Muertes inútiles que solo la familia recibe y nadie más vuelve a acordarse, solo quedan las estadísticas y si acaso un pequeño recuerdo esporádico para contar una anécdota o poner un ejemplo.
Lo mismo está pasando con la amistad.
Dejar a los amigos de siempre por un político, un partido de fútbol o cualquier otro tema religioso que ni siquiera profesamos por un comentario lanzado al azar, yo diría que es hasta pecado, porque lo que era una bella amistad se acabó así de fácil y los futbolistas ni enterados y el político menos porque no saben que existen, igual pasa con los curas y pastores, no lo saben porque no los conocía.
Soy de las que, cuando abren un WhatsApp de muchas personas solicito comedidamente no hablar ni de fútbol, ni de política ni de religión. Casi todos están de acuerdo en ello porque saben lo que eso desemboca cuando alguien fanático ofende y quien no acepta esa condición, pues se sale o me salgo, así de sencillo. Prefiero conservar la amistad que guardar pesares.
Los seres humanos somos dados a armar trifulcas y discusiones anodinas por temas que son banales y que no suman. Se nos olvida que en la vida hay que sumar y multiplicar y no restar o dividir. Y lo peor de todo es que se nos olvida que la vida es valiosa, porque hasta donde conozco, todos queremos tener una larga vida con nuestros órganos completos y sanos, entonces ¿por qué nos matamos?
No tengo una respuesta cierta, pero soy de las que creo que nos faltó educación en valores, desde la familia y en los colegios o si nos las dieron las perdimos o no fuimos esos días a clases, de otra manera no se entiende la pérdida de tantos valores como: el respeto, el más importante, la solidaridad, la tolerancia, la responsabilidad, la bondad y la confianza, entre otros muchos.
Hay miles de disculpas o razones para argumentar en favor o en contra de la perdida de valores y algunas dirán que así somos los humanos y nos tenemos que aceptar como somos. Yo diría que respetar como somos, puede que sí, pero aceptarnos no, porque todo se puede cambiar para bien, cuando nos lo proponemos. No podemos quedarnos siempre con el mismo retrato sin madurar, o como corcho en remolino, dando vueltas a la vida y ella no nos arrastra, ni nos deja crecer por nuestra terquedad.
Pero no todo está perdido, aún estamos a tiempo y es tarea nuestra retomarlos y explicarlos a estas generaciones que llevan vidas rápidas, cortas, deseosas de ganar dinero fácil, de emprender empresas cada dos años, de cambiar de trabajo cada seis meses, de ser consultores o asesores sin experiencia tan pronto salen de la universidad.
Estamos a tiempo de emprender esa dura tarea de retomar valores, así la sociedad en general no ayude, así el entorno se empeñe en descalificar cualquier virtud, así las redes ofrezcan más dinero a las mujeres por empelotarse en cámaras, así la sexualidad ya no sea un tema privado hermoso y propio, sino diverso, publicable por cualquier medio masivo.
Esta tarea nos queda a los padres de hoy, a las mamasitas, a las mamás, abuelas y abuelos blogueras y no. A todos los que valoramos la vida. A todos los que queremos una sociedad mejor, a quienes queremos que nos gobiernen políticos honestos y nacidos en cuna de valores, a los que nos gusta el buen fútbol y aunque tengamos preferencia por un equipo, seamos capaces de disfrutar con el triunfo del otro y no envidiarlo, a los que sabemos que latas son latas y tienen arreglo y que la vida es lo mejor porque en la tumba no nos van a echar el carro, ni el balón, ni al político.
Un buen regalo de día madres sería ese, valorarles la vida que nos dieron.
Tenemos que aprender a ser gestores de paz, siendo mejores personas, hablando con consideración y respeto, poniéndonos en los zapatos de los demás y dándole a quien lo merece, las disculpas o el reconocimiento.
Piénsenlo
Nota: foto tomada de el diario El Colombiano
GRAN REFLEXIÓN querida Vicky!
En nuestra época el aprecio por la vida, estaba presente desde la cuna. en los valores inculcados en la familia y reforzados en el colegio…
Hoy, vivimos otras realidades que no son sólo locales, si no mundiales, lo que no consuela, MOTIVA a que desde nuestro entorno amemos, perdonemos, respetemos, agradezcamos, pero sobre todo valoremos la vida; y nos convirtamos como bien lo escribes en “gestores de paz”.
Buen tema, los valores se dan y reciben en el higar, se refuerzan en el colegio
Te felicito por las reflexiones sobre la vida y los valores, la insistencia en ello es lo que podrá salvar a nuestra sociedad