Últimamente, cada que me reúno con un grupo de personas o entro en conversaciones con los amigos, o estoy esperando en un consultorio médico, o si de repente alguien en un ascensor, léase bien en un ascensor, una persona se queja o dice algo, todo se enfoca al desencanto que hay sobre el país, sobre el gobierno, sobre la situación de la salud, sobre el trabajo, sobre el gobernante que debería estar actuando como líder de este país, porque así fue elegido, pero de lo que mas se sienten las personas es de la falta de liderazgo de quienes por su naturaleza, deberían estar jalonando .

El ambiente es de desesperanza, de egos inflados, de que nadie hace nada y de que, quienes estamos dispuestos a hacer no tenemos el púlpito para hacerlo y por eso nos entró la quejadera y el nada que hacer, el dejarnos y el ver que cada día nos acercamos mas a ser iguales al pueblo de la vecindad, a estar guiados por tiranos insensibles, déspotas y egoístas que solo saben maltratar a su gente. Lo vemos, lo sentimos y seguimos calladitos. Solo nos quejamos

Escogí este tema, porque es el diario vivir, pero sobre todo, porque en una reciente consulta medica que tuve, un buen médico, por amistad y por confianza, me manifestó su derrota ante el tema de cómo se está manejando la salud en el país en el gobierno y de cómo nadie ve, lo que ellos como galenos, padecen ante la impotencia de poderle darle alivio a sus pacientes, porque las medicinas estas escasas, porque el sistema cada día les anuncia que está agotada tal o cual fármaco, porque cada sus enfermos empeoran por falta de medicamentos y ellos se sienten atados de manos.

Pero su análisis fue más allá: “me siento derrotado por el estado, me siento sin esperanza por este país, no encuentro que haya manera de reinventarse porque va a uno a ver y encuentra que hay más de 50 candidatos aspirando a ser presidente, un solo partido tiene seis, es una pelea de egos en donde el pueblo saldrá perdiendo porque quedarán los mismos de hoy y para peor”

Y la verdad es que le asiste la razón. Yo quedé abrumada por su conversación y por verle su cara de derrota y aunque traté de darle argumentos para que mirara un futuro mejor, no fui capaz de convencerlo, porque no encontré la resiliencia que todos deberíamos estar manejando hoy para poder salir airosos de esta situación.

¿Esperanza dónde estás?… esa es la pregunta, sin resiliencia no hay esperanza y eso nos está pasando, pero también hemos perdido la confianza, porque este gobierno corrupto nos ha mostrado que la vergüenza no la manejan, que el respeto lo perdieron por todas las instituciones, que la división de poderes, le vale madre, que  la manguala es lo que los cobija y que un líder somnoliento, descoordinado, viviendo otras realidades es quien nos dirige y nos dirige mal, porque deja el espacio abierto para que  los ladrones, la guerrilla, las bandas delincuenciales y los presos desde las cárceles, nos gobiernen a punta de miedo.

Perdimos la esperanza, porque los lideres que están surgiendo, pues cada día aparece uno más, todos quieren ser presidentes, todos tienen sus propuestas, todos recorren el país, todos hablan por los medios, pero ninguno posee el liderazgo legítimo, para pararse en la raya, dejar los egos, reunirlos y presentarle a sus votantes uno solo candidato que los reúna y que sea el que tiene la capacidad para ser elegido y llevar este país por buen rumbo, y no existe se líder capaz, porque todos son unos egoístas que quieren ser el salvador y nos dejarán mas mal de lo que estamos.

Por eso como pueblo, como votantes que somos, en lugar de quejarnos vamos a darle la lección a estos egoístas y vamos a votar a conciencia, vamos a elegir con resiliencia y esperanza. Nosotros somos quienes ostentamos el poder con el voto y no nos vamos a dejar. Cada quien, desde su posición, trabajo, cargo u oficio, somos los que elegimos, No nos volvamos a equivocar, estudiemos los candidatos, miremos quienes son, de dónde vienen, que proponen, no elijamos al tibio, al demagogo, a la bonita o al que más salga en la prensa, elijamos a conciencia. Ese es nuestro poder, el votar, pues somos los que elegimos