Y aceptar hacerse el tratamiento es de héroes.

Este tema vuelvo a tocarlo porque ayer, en una reunión de amigas, se habló del tema y una de ellas nos contó la historia de su hijo, ya mayor, que sufre, no sé si será la palabra adecuada y ahora les explico por qué lo digo, y nos contó todo lo que ha vivido ella, su familia y por supuesto su hijo, con este tema.

Escucharla contar todo lo referente y lo que significa ser depresivo, es de por si un acto de valentía. Cuando ella hablaba, yo pensaba para mis adentros, eso es una condición y merece visibilizarse.

Su historia y su tranquilidad para contarla me impactó, pero después descubrí que lleva 38 años luchando con esa enfermedad, tampoco estoy segura que pueda definirse así, pero así lo decía ella y su narrativa fue cada vez mas clara y en ciertos apartes dolorosa, pero también reconfortante cuando ya todos a su alrededor entendieron lo que pasaba, estudiaron de que se trataba la depresión y sobre todo, aceptaron que hay una persona en su familia que tiene ese problema y merece, reconocieron que merecía, todo el respeto y consideración.

Mientras ella contaba detalles de cómo fue el proceso de reconocimiento de la enfermedad, cuales fueron los primeros síntomas, como lograron identificarla, cómo consiguieron a un profesional que les ayudó y como lograron que su hijo aceptara el tratamiento y todos en la familia ayudaran y entendieran, yo me ubiqué en el tiempo, cuando mi hija descubrió o intuyó por primera vez, que su hijo, mi nieto, era autista.

El tiempo se me devolvió, recordé sus angustias, sus esfuerzos para que todos entendieran lo que pasaba, la búsqueda de guardería, la búsqueda del mejor profesional que les pudiera orientar y ayudar, todo el tema médico y lo que eso implica y la aceptación de todos quienes estábamos a su alrededor para entender que teníamos en la familia un nieto, hijo, sobrino y primo con TEA.

No fue fácil para ella, como tampoco lo es para mi amiga con un hijo depresivo, pero es mejor poderlo hablar con tranquilidad. Por eso, mi hija lo quiso hacer visible a través de mis escritos y era ella quien me surtía, día a día de todos los avances y retrocesos en el tratamiento, de las alegrías y tristezas que ello conllevaba, pero también de la felicidad de ver hoy a su hijo, como un niño que va creciendo con tranquilidad que va para primero de primaria, que habla tan bien su idioma que en su colegio le dieron diploma por tener el mejor vocabulario, de ver que es capaz de comportarse con alegría, que es amoroso, que sabe jugar con sus amigos así sea por corto tiempo, y que las terapias, el amor y la entrega de ellos como padres y de su familia apoyándolos, hace que Sebastián, cada vez  se supere y yo les pueda escribir sobre el tema con total tranquilidad.

Por eso, yo, en mi ignorancia, me atrevería a decir que la depresión es una condición que padecen muchas personas y que necesita terapias y merece ser visibilizada, aceptada y tratada.

Seguramente las familias, por reato, por pena o por ignorancia, no se atreven a contar que tienen a alguien con depresión, que está en tratamiento y que necesita la comprensión y la consideración de todos para poder salir adelante.

Uno se encuentra cada vez mas con personas que cuentan que sufren de depresión, y al hacerlo, hacen que quien los está escuchando, entiendan y aprendan a reconocer sus estados de ánimo para ayudarles cuando lo requieran y hacerles la vida mejor y menos traumática.

Vuelvo y repito, solo soy una abuela que escucha y escribe como tal, sin más ínfulas de ser alguien que no es. Solo sé contar, narrar, escribir y opinar como persona que vive intensamente, que tiene muchos amigos, que vivo informada y que medianamente por razones de mi oficio y profesión conozco de algunos temas y el de la depresión hay que visibilizarlo.

Abuelas, mamás, amigos, no les de miedo hacerlo, estudien y busquen medicamente cuales son los síntomas y reconózcanlos, si en su familia tienen a alguien con esa condición para poder ayudarle y sacarlo adelante.

Hoy en día hay tratamiento para todo, unos más exitosos que otros, pero hay mil formas de hacer que todos podamos vivir con tranquilidad y descubrir esa felicidad que tanto añoramos.

A mi amiga, la del cuento de ayer, a ella le digo que me inclino y me quito el sombrero por su valentía, y la de su hijo, al reconocer y hacer visible su condición, por contar por todo lo que han pasado, para que sirva de ejemplo, y por decirnos también, lo que han conseguido para ayudarle a su hijo y hacerle la vida mejor.

Espero que quienes me leen y en su interior sepan de alguien con este padecimiento, le ayuden y aunque no sea fácil al principio, insistan para luego no tener que lamentar.

Se les quiere.