No es por snob, tampoco por chicanear, menos por mostrar lo que no soy, simplemente se me dio la oportunidad para celebrar un día de Acción de Gracias en Estados Unidos.

Por razones de salud de mi hija y nuestro deseo de darle apoyo y de colaborarle, para que pudiera recuperarse, nos atrevimos a viajar.

Ni les cuento el temor… todos con quienes hablábamos nos decían de las largas filas, de la congestión en los aeropuertos, del miedo a viajar en un avión lleno de gente sin la debida precaución y en fin de lo horrible que estaba Estados Unidos en esta pandemia.

Todo eso y más nos asustaba, pero el amor venció al miedo y nos arriesgamos, no sin antes desafiar a los derrotistas y agoreros del mal.

Claro que nos daba miedo el viaje en avión por tres horas. El miedo inicial nos dio por todo lo que nos habían dicho; pero nada, entramos sin larga fila, con la distancia debida entre el pasajero de adelante y el de atrás, nos revisaron documentos, nos midieron la temperatura, no hubo que hacer fila para la atención en el mostrador y cuestión de cinco minutos, estábamos haciendo emigración. Todo con fila, pero no largas, todo con el distanciamiento debido y en la sala de espera, también.

Nos cambiamos tres veces el tapabocas por recomendación de la aerolínea, habíamos comprado los famosos tapabocas N95, espectaculares, más costosos, pero los mejores.

Cuando llegamos al aeropuerto en Estados unidos, la bajada del avión fue en orden y con distanciamiento, fue más rápida, así como la fila para revisión de documentos y todo el mundo de tapabocas y guardando distancia como estaba señalizado. Aquí la tranquilidad venció a los que pregonan el miedo sin saber. A los derrotistas los confrontamos.

Pues bien, aparte de que la pandemia sigue y de que es cierto en Estados Unidos, cada día hay más contagios y no hay medidas de seguridad, salvo las que las personas responsables se imponen, lo demás era falso.

Por todo esto y porque al igual que en nuestra en casa, vinimos a encerrarnos, pero con otra compañía: más dulce y con otra intención, la de dar todo el amor y porque nos cogió en este país el Thanksgiving (Acción de Gracias), se me ocurrió compartir con ustedes e invitarlos a que cuando puedan y quieran, hagan su propia lista para agradecer lo que a bien tengan.

Yo voy a hacer mi lista, pero estoy casi segura que para muchos de ustedes será casi la misma.

Por la vida: estar vivitos y “coliando” en esta pandemia, donde tantas muertes han ocurrido, aún con quienes se cuidaban, merece estar arrodillado y agradecer la vida que tenemos, así sea encerrados y resguardados.

Por la salud, en medio de tantas historias no solo de Covid, sino de enfermedades normales que tuvieron que esperar porque no había quien las atendiera. No importan los años, importa que seguimos gozando de una salud tranquila, diría yo, con los achaques propios, pero vitales.

Por la familia que, incompleta para muchos, porque ya algunos se adelantaron hace tiempo, la que tenemos cerca está bien. Aunque a algunos les pudo haber dado la Covid, no fue tan grave y eso, hoy, merece agradecimiento arrodillados y con los brazos en cruz.

Por la pandemia, sííí… merece que le agradezcamos estos meses que nos obligó a estar juntos, a conocernos mejor, a disfrutarnos, a mirarnos con otros ojos, a ser más considerados, a estar pendientes de los otros, a valorar la vida, a encontrase de nuevo con la fe, a leer más y gastar menos, a comer mejor, a hacer ejercicio y a ver en lo sencillo, lo mejor.

Por los amigos que siquiera existen, siquiera están, gracias a ellos, el estar guardados hace más llevadero el tiempo, pues verse de vez en cuando a través de las plataformas, es un alivio que enriquece y se disfruta.

Hay que agradecer a quienes crearon las plataformas, no de los zapatos, sino de la conectividad que nos ha permitido estar en todo y no perdernos nada, amo a Zoom, a Google meeting, Gotomeeting, facetime, WhatsApp, y todas las que nos dejan vernos, celebrar los cumpleaños, asistir a los entierros y misas fúnebres de nuestro seres queridos, las que nos dejan brindar, jugar, celebrar, reunirnos, hacer juntas, y asistir a un sinnúmero de conferencias, paneles, foros, seminarios y demás, que nos han enriquecido con tanto conocimiento, en esta cuarentena.

La internet, bendita sea y gracias por existir, sin esa virtualidad, ya estaríamos de la casa para el manicomio, o un sanatorio, pues no aguantaríamos un encierro tan largo sin con quién compartir, ver, disfrutar, celebrar y amar.

El trabajo. Sé por estadísticas que a diario se publican, que se han perdido muchos puestos de trabajo, que hay muchas personas sin trabajo y sin salario, pero también hay que agradecer eso, porque el tener que enfrentarse a la vida, sin la comodidad de un sueldo, hizo a muchos, más creativos e innovadores.

A otros, la pandemia les dio la patadita en donde sabemos, para que se animaran a montar su propia empresa o emprendimiento. Los expertos en cocina se lucieron, las ofertas en domicilios se aumentaron y los que nada de nada, están recibiendo auxilios y ayudas de muchas organizaciones que se crearon para apoyar. No todo lo malo es peor, también lo malo, tiene su lado bueno.

La lista sería interminable, pero estoy segura de que si se ponen la mano en el considere, y dejan el pesimismo y la quejadera, verán que hay más para agradecer que para lamentar.

Por eso, el Día de Acción de Gracias, me sirvió de pretexto perfecto para compartir con ustedes mi gratitud con la vida, porque como diría Einstein «Solo hay dos formas de vivir la vida: una, pensando que nada es un milagro; y la otra, creer que todo lo es».